9 sep. 2014

La Plata y los ferrocarriles, parte III: la trocha ancha

La última dictadura


Así como el desarrollismo de Frondizi fue nefasto para la trocha angosta platense, el llamado Proceso de Reorganización Nacional se encargó de destruir la trocha ancha de la capital provincial.

En 1977 nuestro país era testigo de numerosas clausuras y levantamientos de vía. El Ferrocarril Belgrano perdía el ramal M desde Libertad hasta Carhue y otros ramales secundarios como los que llegaban a Victorino de la Plaza, Rosario Oeste (el célebre mixto a Rosario). El Ferrocarril Roca, por su parte, perdió para siempre algunos servicios y ramales importantísimos para la región: los servicios de La Plata a Lezama (con servicio de cargas "lechero"), a Pipinas y Atalaya, como así también el servicio de cargas a Punta Piedras, donde había una mina pedrera.

El ramal 89 del Ferrocarril Roca, entre Rufino de Elizalde y Lezama, no sólo fue clausurado por decisión militar, sino que además sus vías fueron levantadas con el firme propósito de que jamás volviera a circular un tren entre esos dos puntos. Los pueblos que conectaba el tren fueron agonizando, afantasmándose (véase el caso de Poblet, que debería ser rebautizado como Despoblet), y los campos se vieron obligados a transportar sus cosechas y su ganado por camión.

Los mismos militares fueron víctimas de su propia rapiña cuando en 1982 debieron reabrir el ramal 86 del Ferrocarril Roca (Elizalde a Magdalena) para transportar tanques de guerra hacia el sur utilizando también el otro ramal olvidado, el 48 entre Ringuelet y Brandsen. Afortunadamente, por esta misma razón, la dictadura se abstuvo de hacer el levantamiento de rieles, dejando sólo abandonada toda la infraestructura y las estaciones de los ramales a Magdalena, Atalaya y Pipinas.

El Riojano y Clarín


Con la mayor parte de la trocha ancha platense anulada, Carlos Menem sólo pudo clausurar un ramal, a pedido de la embajada de Estados Unidos: el ramal 48 que une Ringuelet con Brandsen.

Hasta finales de los años ochenta sobrevivía un servicio ferroviario entre La Plata y Mar del Plata: el Platense. Con el ramal a Lezama levantado por la dictadura, sus trenes corrían por el ramal 48, pasando por localidades como José Hernández, Abasto, Melchor Romero y Gómez.

Al llegar el eufemismo de la Reforma del Estado y las privatizaciones, este servicio quedó cancelado, y el ramal, por consiguiente, quedó abierto "sólo para cargas" aunque tuvo un tráfico sumamente esporádico.

Como vimos en la primera entrega de esta serie, en 1996 hubo un intento de hacer circular un tren cargado con metanol que resultó en un escándalo. Fue lo último que hubiera circulado por el ramal. Recordemos que por un amparo judicial de un club de Bernal (lugar por donde no pasaría el tren) el operativo no pudo realizarse y terminó trasladándose el metanol en camiones y por ruta, algo infinitamente más peligroso; un buen ejemplo de la estupidez humana azuzada por el diario Clarín.

A partir de entonces sólo hubo promesas vacías. Ferroser a finales de los años 90. Intendentes que mientras prometían reactivaciones tapaban la vía con hormigón. Demagogia barata, pero jamás un estudio serio.

Los beneficiados


Un buen ejercicio de memoria podría ser el análisis de quiénes fueron los beneficiados con tanta clausura ferroviaria. A priori salta el transporte automotor. Pero la duda que nos queda luego es: ¿cuántos terratenientes habrán recibido un "regalito" de la SRA o de la Junta Militar, al haber sido desafectados los terrenos ferroviarios de los ramales levantados?
El mapa
Aquí, en trazos gruesos, puede visualizarse el estado actual de la trocha ancha en La Plata y alrededores. En verde y amarillo lo que está en uso. En naranja lo recuperable con intervenciones menores. En rojo lo que requiere trabajo pesado o renovación total. En violeta/rosa los ramales levantados.



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